No hay manera única de llamarlo: graffiti, arte callejero o “street art”, rayar, tags, en fin. Entre otras, porque cada palabra denota una actividad diferente: es muy distinto hacer “tags”, que es rallar con nombres de personas, alias, etc, a hacer un “mural” más conceptual. Pero a pesar de todas las prácticas, lo que sí se busca en este arte callejero es la transgresión. No de pintar por pintar, sino de hacer arte o expresarse de una manera en un lugar público que no ha sido en principio concebido como galería. Esta tendencia se ha venido extendiendo en casi todo el mundo. Cada vez más se percibe la calle como una Galería de arte urbano, en donde artistas, jóvenes pertenecientes a culturas urbanas diversas, encuentran un espacio de expresión y algunas creaciones tales como murales son percibidas ya por la mayoría de los habitantes como intervenciones legítimas en el espacio público, valoradas como genuino arte.

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